Conservadores de moda


Ya nos encontramos a menos de 70 días de las elecciones tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos. El año electoral ha estado marcado por una profunda polarización y una lucha intensa por definir el rumbo de nuestro país en un momento crucial de la historia. Con crisis sociales, económicas y culturales, el 2024 se ha convertido en un campo de batalla donde se decidirán no solo las políticas a seguir, sino también los valores que guiarán a nuestra sociedad en las próximas décadas. Sin duda alguna, es un momento de decisiones críticas, donde la integridad de nuestros principios y la dirección de nuestro país está en juego.
Curiosamente, a través del año, hemos sido testigos de una preocupante tendencia en nuestra hermosa isla. A medida que las elecciones se acercan, muchos políticos, figuras públicas y aspirantes a cargos electivos se esfuerzan por ganar el voto conservador, vistiéndose con un manto de valores y principios que en realidad no practican ni creen. Este fenómeno, no es solo una táctica insidiosa, sino también un intento de manipulación que busca capitalizar la profunda convicción de quienes abrazan los valores tradicionales. Estos individuos adoptan una retórica que apela a las emociones de los votantes, pero sus acciones y decisiones pasadas desmienten sus palabras. Al final, muchos de estos actores, o como diría mi esposa, “conservadores de moda”, no buscan más que el poder político, adaptándose camaleónicamente a lo que el electorado quiera escuchar.
Es aquí donde los verdaderos conservadores deben ejercer la mayor de las cautelas. No todo el que habla de valores tradicionales es digno de confianza. La historia nos ha mostrado cómo algunos que se presentan como defensores de los principios conservadores a menudo son los primeros en traicionar esos mismos principios cuando les resulta conveniente. Es crítico que los conservadores se enfoquen en hacer preguntas difíciles, investigar el historial de aquellos que buscan su voto y, sobre todo, no dejarse llevar por promesas vacías y discursos elaborados. Así mismo, cuestionar temas que la prensa local no toca, ya sea por intereses o por control de la opinión común y recordar las imposiciones de políticas nefastas, autoritarias y en cierto punto, discriminatorias. Las palabras son fáciles de pronunciar, pero los hechos son los que verdaderamente revelan la integridad y el compromiso de una persona con los valores que proclama.
En tiempos de elecciones, es vital recordar que nuestro voto es un reflejo de nuestros valores y creencias. Al otorgarlo a quienes solo se disfrazan de conservadores por conveniencia, corremos el riesgo de erosionar los mismos principios que tanto valoramos.
Un verdadero líder conservador no solo habla de valores; los vive y los defiende, incluso cuando es impopular hacerlo.
No debemos permitir que el conservadurismo sea utilizado como una mera herramienta de marketing político; debe ser una convicción profunda y auténtica que guíe nuestras decisiones, tanto en la vida personal como en la vida pública. Recuerde, que antes de ser partidista, usted es un hijo de Dios.

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