La religión y la política son inseparables


En el 2004 una cara nueva se presentó en la escena política local. El candidato a senador por acumulación Enrique “Quique” Santiago decidió lanzar una campaña con la intención de ocupar una posición prominente como senador por acumulación y ser el único candidato independiente con una visión de reforzar los valores cristianos en el gobierno. Me acuerdo de mi entusiasmo por su candidatura y haber pensado que no había forma en que “Pastor Quique”, como cariñosamente se le decía, podía perder. Después de todo, el cristianismo en PR aún estaba sólido y había rastros del cristianismo en donde quiera. Todo parecía que estábamos destinados a un futuro glorioso donde los cristianos dominábamos la cultura local. No me imaginaba cuan equivocado estaba. Pastor Quique perdió a pesar de que se sabía que en Puerto Rico cerca del 97% de la población se identificaba como cristianos. Con que solo una fracción de esos creyentes votaran por él, hubiera sido suficiente para ser uno de los elegidos para el cargo. ¿Qué pasó? Aparentemente los cristianos votaron de igual manera que cualquier otra persona, votaron íntegro por su partido sin pensarlo dos veces y Quique terminó siendo víctima del apego partidista. Me acuerdo haberme quedado estupefacto ante el resultado. Simplemente no podía entenderlo. ¿Acaso no le era conveniente a los cristianos tener a un representante de sus valores en el senado?
En las próximas semanas luego de las elecciones me di a la tarea de preguntarle a otros cristianos si habían votado por Quique. Mi sondeo informal me dejó cada vez más asombrado. No solo me encontré con que la mayoría de los cristianos que yo conocía no habían votado por Pastor Quique, peor aún todos habían desarrollado excusas y racionalizaciones para lo cual no se podía votar por él. Entre todas las respuestas, la más común fue “La religión y la política no se mezclan”. Era como si lo hubiesen escuchado como parte del sermón de los domingos.
El efecto del éxito del cristianismo creó vagancia y dejadez en nuestra cultura. Solo imagínate que lo que comenzó con Jesús y 12 discípulos, paso a ser la religión dominante de Europa, más luego la religión dominante de Las Américas y Puerto Rico. Su influencia sería tal que la mayor parte del mundo pasaría de monarquía a liberalismo, una filosofía de gobierno de John Locke, un cristiano devoto. Esos países pasarían a adoptar constituciones y leyes basadas en valores cristianos. La religión afectó la cultura y la cultura consistentemente hizo su influencia sobre la política. Algunas de nuestras instituciones más importantes comenzaron como entidades cristianas, lo que hoy conocemos como hospitales, universidades y beneficencia. Antes del cristianismo, ninguna de estas ideas existía de forma significativa y precisamente fue por lo que el cristianismo fue dominante por 2 milenios.
Lo que muchos cristianos no sabían es que ya al principio del nuevo siglo 21 el cristianismo comenzaría a ser atacado brutalmente a través de vídeos de redes sociales como YouTube. Los nuevos YouTubers eran parte de un nuevo movimiento mundial de ateos que luego sería llamado el movimiento de “Nuevos Ateos”, usando estrategias diseñadas para desacreditar el cristianismo. Los principios, ideales y la moral que el cristianismo había dejado como legado luego de 2000 años estaban bajo asedio y los cristianos estaban demasiado de cómodos con la ventaja cultural que habían acumulado. Mientras tanto las mentes jóvenes de la generación “milenial” estaban siendo capturadas por esta ola cultural dejándolos a merced de ideas que crearían actitudes distintas acerca de moralidad y valores. El movimiento del nuevo ateísmo creía que estaba concibiendo un mundo racional que tendría más ciencia, tecnología y menos conflicto, pero lo que estaban engendrando era un vacío existencial. Ese vacío sería llenado con otra religión incompatible con el cristianismo, uno que no valora lógica y racionalidad.
Es evidente que fuimos diseñados para no quedarnos con un vacío, hasta la ciencia ha validado que tenemos una necesidad inherente de tener una conexión con Dios. La contestación obvia para este vacío en nuestro entorno cultural siempre había sido el cristianismo, pero para nuestra juventud esa añoranza por una estructura moral que le daría un mayor propósito se tradujo a la religión “woke”. Este engendro de la filosofía posmoderna ha hecho estragos en nuestra cultura y a las nuevas generaciones de jóvenes desde los “millenials” hasta la actual generación Z.
Para añadir un contexto sólido a lo que estoy describiendo aquí revelo dos de sus doctrinas más importantes:
- La filosofía posmoderna sobre la cual está fundamentado el “wokeismo” no presta valor a la existencia de verdad absoluta. Cree que la verdad cambia de acuerdo con el contexto, que la verdad es subjetiva y no puede ser revelada en su totalidad.
- Cree que todo lo que sucede en una sociedad está basado en relaciones de poder. El que tiene poder (económico, posición social, político, militar o policíaco) SIEMPRE es el opresor y el que no tiene poder siempre es el oprimido.
Cualquiera que estudia estas ideas de forma objetiva se da cuenta que son patrañas que no aguantan una examinación seria. Sin embargo, estas ideas se han convertido en el espíritu de la época a nivel global, pero sobre todo en los países más desarrollados. El “wokeismo” es la nueva religión del siglo 21 y está siendo validado en abundancia desde instituciones sin fines de lucro, corporaciones, entidades de educación superior, en las Naciones Unidas y sobre todo en los gobiernos. Quizás lo más preocupante sobre el “wokeismo” es como sitúa la dinámica de la estructura del poder al revés, le resta poder al más experimentado y sabio para ponerlo en las manos de jóvenes desinformados y subversivos que creen que están cambiando el mundo para bien, cuando realmente están creando una revolución parecida a la de Mao en China al final de los 60s.
Solo la fe puede explicar el entusiasmo que tiene la izquierda “woke” con perspectiva de género. Cada instancia de muerte de mujeres a manos de algún hombre trae consigo estribillos feministas de “¡Perspectiva de género ahora!”. El reclamo es que perspectiva de género reduciría la cantidad de “feminicidios” (una de muchas palabras creadas por esta religión). La idea es que desde tempranas edades se le va a enseñar al niño respeto por las mujeres. Ya en muchos países un currículo con perspectiva de género se ha integrado al sistema de educación. ¿El resultado? Ha sido un fracaso espectacular. Los países Escandinavos llevan muchos años implementando perspectiva de género, y la violencia solo aumentó. Ha sido tan notorio su fracaso que le han puesto de sobrenombre: “La paradoja Nórdica”.
Si piensas que eso no es suficiente como para decir que es una religión, solo tienes que hacerle a una persona “woke” la siguiente pregunta para que te quede claro: “¿Qué es una mujer?” No lo pueden definir a menos que sea de forma auto referencial. Te dirían: “Una mujer es cualquiera que se identifica como una mujer” Están usando un juego de palabras usando la palabra “mujer” para precisamente identificar lo que es una mujer. Es el equivalente a pedir la definición de un auto y te contesten que un auto es “todo objeto que alguien identifica como un auto”. Requiere una fe enorme para creer que un lápiz es un auto simplemente porque alguien lo identificó como tal. Este movimiento ha tenido tanta notoriedad que tienen partidos políticos dedicados a su causa (MVC / PIP). Pero para sorpresa de muy pocos han logrado éxito aplicando presión a los partidos tradicionales utilizando sus ideas más prominentes para controlar iniciativas y recibir fondos del gobierno gracias a sus adeptos en la prensa.
Lo que estamos observando en tiempo real es un sistema religioso intencionalmente tratando de suplantar a otro. La efectividad de este movimiento ha sido su habilidad para ocultarse detrás de una pared de legitimidad que fue cultivada por su origen académico. El hecho de que una religión tenga su origen en estudios académicos no la hace menos religiosa, pero aparentemente sí más efectiva en ser tomada en serio. Es allí donde yace el engaño más grande. Que puede existir tal cosa como un gobierno donde los políticos pueden deshacerse de los valores más básicos arraigados por siglos de cristianismo de su conciencia como si se quitaran una camisa antes de bañarse. Eso es técnicamente imposible. Por eso, es hora de que aceptemos el hecho ineludible que la religión siempre ha tenido y siempre tendrá un lugar importante en la política. Creo que está claro que la religión es más parte de la política de lo que queremos admitir y posiblemente más de lo que fue hace 20 años atrás cuando tuvimos la oportunidad de votar por Enrique “Quique” Santiago. La pregunta es ¿Repetiremos el mismo error que cometimos hace 2 décadas de nuevo?

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