No soy feminista ¡Soy realista!: La evolución hasta el siglo 21 en traición a las mujeres y al mundo


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Todavía estamos en marzo, mes de la mujer. Todas las mujeres vivas en este siglo 21 hemos sido criadas, educadas, influenciadas o dirigidas por ideas que han derivado del feminismo. Pero, pensemos primero, ¿De qué feminismo estamos hablando en el año 2025? Es pertinente que pasemos una cuenta histórica. Hagamos visible lo que pocos saben y mucho menos hablan de lo que hay detrás de lo que una vez fue justo, necesario y bueno, pero hoy es otra cosa muy distinta. Enseñemos también el otro lado de la historia, a nuestros hijos e hijas, para que no cometan los mismos errores y horrores de pasadas generaciones.
A nivel mundial, en los movimientos surgidos durante el siglo 20 en las luchas por las causas pro justicia a las mujeres (desde los más socialistas, libertinos, radicales, hasta los más conservadores) hay un hilo común: Igualdad humana (un trato digno) y la igualdad de oportunidades (derechos políticos, educación, propiedad, económicos, laborales, salud, etc.). Con ese hilo común no tenemos problemas y somos agradecidas por las buenas causas y las muy bien ganadas.
Ahora, vayamos al otro lado de la historia.
Entre los años 1920’s con el bailecito del Charleston y una cultura popular hollywoodense más “al garete” difundiendo imágenes de la mujer con menos tela en su ropa, brincando como loca, fumando y bebiendo, explotando su sensualidad, etc. Los ajustes post guerras mundiales, la entrada de los ideólogos marxistas (precursores de la ideología de “género”) pasando por los años de los 1950’s y 1960’s entre la masificación de la píldora anticonceptiva (separando la consecuencia del embarazo de una relación comprometida) y con la movida “hippie” de “hagamos el amor y no la guerra” añadiendo mayor consumo de alcohol y drogas… porque también había que hacer lo mismo de malo que hacía un hombre con la excusa de la libertad al grito de la llamada ¡Liberación femenina!
Llegando hasta la era de una mal llamada educación sexual creada por degenerados y pedófilos, muy bien financiada por la industria pornográfica encabezada por el fundador de la revista porno Playboy, quien también financió el cabildeo político del aborto en 1965. Hasta finalmente lograrse la fornicación política de hombres abortistas con las líderes feministas del National Organization of Women (que nunca llevaron el aborto a votación en su asamblea de miembros).
Junto con el oportuno montaje creativo leguleyo del caso Roe vs. Wade (hoy derogado desde junio del 2022) con el que legalizaron el aborto por una era de 50 años, gracias al arquetipo de la Chica Cosmo (la imagen y mentalidad vendida por la revista femenina Cosmopolitan) que tanto daño nos hizo desde las baby boomers, hasta las chicas de la generación X de Madonna. Haciendo la transición de esa cultura sexual de papel hasta la era digital del internet a la generación de mileniales con Lady Gaga y Katy Perry “I kissed a girl and I liked it”.
El feminismo tirano alimentó el fortalecimiento de la guerra entre los sexos, las prioridades invertidas y las ambiciones mal gestionadas. El aumento estratosférico de: el divorcio, la falta de relaciones comprometidas, el aumento de madres solteras, la ausencia del padre, la pobreza, el consumo de alcohol y drogas, las condiciones de salud mental, el gigantismo gubernamental tratando de sustituir al buen padre de familia cargando el bolsillo de los contribuyentes al punto de la quiebra moral y fiscal.
Un feminismo rancio en las universidades, putrefacto poco a poco, por las ideologías de unos académicos tipo comunistas desnudos en su marcha por todas las instituciones públicas, privadas (incluyendo denominaciones religiosas), y partidos políticos en guerra continua contra el varón para avanzar las políticas de identidades de lo sociopolíticamente correcto.
Aterrizando en un feminismo de “género” (que nadie sabía qué rayos era eso) hasta verse la fornicación política entre el feminismo y el elegetebismo (orgullo homosexual “plus”) en las mal llamadas equidad y perspectiva de “género”. “Perspectiva” que se cocinó y se implantó con una agenda globalista desde la ONU (1995). En Puerto Rico, desde los adiestramientos a jueces hasta la propia ley de la Oficina de La Procuradora de las Mujeres, respaldada mayormente por un feminismo lesbiano montado en los inventos de una académica como Judith Butler encaramada en las semillas sembradas por la ciencia corrompida y falsaria del depravado ánimo pedófilo e incestuoso del Dr. John Money.
Judith, una de las madres de la ideología de “género performativo” tampoco siendo la única que viró al revés la identidad sexual (que un cuerpo femenino puede significar uno masculino y uno masculino puede significar uno femenino). Todo ello también percoló al 100% de las universidades públicas y privadas de Puerto Rico. Dónde el 60% de la matrícula son mujeres.
Hasta llegar a nuestros días, en este siglo 21, cuando un hombre con sus genitales intactos auto percibido mujer y vestido estética-culturalmente como una mujer, se considera y exige que le llamen mujer, entrando al baño de mujeres, pilándonos en los deportes y violándonos en los refugios de mujeres y las cárceles de mujeres.
Por último, la tragedia de una nueva juez a la Corte Suprema de EE.UU. nombrada por el expresidente Biden y confirmada por la tirana claque del partido demócrata, que no le dio la gana de contestar en vistas públicas ¿Qué es una mujer? Porque dizque ella no era médico para contestar lo que un niño de kínder sabe por naturaleza propia. Misma escuela propagandística de la aún juez presidente de nuestro Tribunal Supremo en Puerto Rico y similar contestación que imitó también en una vista pública la ex designada Rivera-Sierra a procuradora de la mujer en Puerto Rico.
Hasta terminar con la explosión escandalosa a nivel mundial, con la mutilación de niñas y niños en la mal llamada “medicina y terapia afirmativa de género” que ya está activa y sin regulación de ley en Puerto Rico que en dos ocasiones la legislatura boricua ha querido imponer (P. del S. 1000 de Zoé Laboy; P. del S. 184 de José Vargas Vidot, entre otros proyectos incidentes en lo mismo, validados por el hoy designado y no confirmado por el Senado, “doctor” Víctor Ramos).Por eso, ahora esperamos que por fin se apruebe un buen proyecto como el P. del S. 350 para prohibir esa barbarie del Tráfico Trans con nuestros menores de edad. Tráfico que comienza reclutando a la niñez vulnerable en las redes sociales y en las escuelas.
Un feminismo salvaje rayando casi en lo criminal, que cayó en lo más bajo ética y moralmente por el endoso de sus portavoces tanto por las estridentes de la calle como por las sofisticadas médicas y abogadas que van a los medios ‒no viendo nada mal– en titular el trastorno de identidad como “infancias y juventudes trans” porque según el evangelio de Whoopie Goldberg 2023 al 2025 Dios no se equivoca haciéndoles trans.
Un feminismo tirano detrás de los menores de edad, al costo de enfermarlos (con hormonas) y mutilarlos de por vida (cortando penes a los varones y hacerle vaginas falsas e inútiles, cortando senos a féminas y ponerle penes falsos e inútiles a la larga). Todo a un riesgo de sufrir efectos adversos de todo tipo en todos los sistemas vitales del cuerpo, en por lo menos una decena de consecuencias graves a corto y largo plazo.
Actualmente, quienes padecen trastorno de disforia de identidad (“de género”), es cuatro veces mayor en las niñas. Para colmo de las desgracias, tenemos un feminismo boricua activo en todos los gremios “profesionales” empujando la vara mágica del “género” para eliminar todas las “desigualdades” y violencias. Ninguna tampoco habla del “transpatriarcado”.
El feminismo le dio un falso nombre al amor. Un feminismo obsoleto que en lugar de “empoderar” está enfermando mentalmente a las mujeres. Desde hace décadas el feminismo nos falló, nos faltó a todas las promesas, le faltó el respeto a nuestra inteligencia y continúa obrando en total deshonestidad intelectual. Y lo último: entrega a la muerte a nuestros propios hijos (incluyendo a las niñas) desde el vientre y fuera del vientre. El feminismo se convirtió en una propuesta obsoleta, rancia, tirana y salvaje, por decir lo mínimo.
Por eso, y muchísimo más, no soy feminista. ¡Soy realista!

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