Una mirada urgente hacia los crímenes contra los adultos mayores


Recientemente nuestra isla ha sido sacudida una vez más por los crímenes violentos. Esta vez el asombro es mayor porque las víctimas han sido personas de la tercera edad. El primer caso sucedió en el mes de octubre de este año cuando un sospechoso que era policía terminó con la vida de una pareja de ancianos en el pueblo de Isabela. Luego, en este mes de noviembre, se reportó otro caso en el pueblo de Naguabo cuando otra pareja de ancianos fue asesinada. También hace unos días, las noticias reportaron el lamentable caso de violencia intrafamiliar, cuando un hombre de 70 años fue asesinado por su hijo. Todos estos crímenes violentos ocurrieron en la residencia de las víctimas. La consternación arropa a nuestra isla porque se trata de personas que son más vulnerables y porque como pueblo, tenemos la noción de que los envejecientes ameritan un trato especial y de respeto. Además, no esperamos que los ancianos sean el principal objetivo de los actos criminales.
Los estudios sobre los crímenes contra los ancianos nos muestran que los asesinatos hacia los adultos mayores son poco investigados y requieren atención inmediata debido al rápido envejecimiento de la población. Aunque las estadísticas de crímenes contra los envejecientes suelen ser las más bajas, los perpetradores pueden apuntar a esta población debido a su vulnerabilidad o menor probabilidad de denuncias.
Revisemos algunas estadísticas recientes e internacionales específicamente sobre los asesinatos contra los adultos mayores:
- 66% de los fallecidos padecían de alguna enfermedad física.
- 63% de las víctimas tenían una relación cercana o familiar con los agresores.
- En el 73% de los casos, el crimen ha sido cometido en los hogares de los ancianos.
- Los agresores tienen antecedentes de uso de drogas ilícitas o alcohol (63%), enfermedad mental diagnosticada (63%) y exposición previa (61%) a la violencia.
- Con relación a diferencias por sexo, los adultos mayores hombres son el grupo mayor de víctimas con un 53.7% en comparación con el 46.3 % de las mujeres envejecientes.
- El arma más utilizada para realizar el homicidio es un arma blanca u objeto punzante con un 36%, en segundo lugar, se utiliza la fuerza corporal con un 31% seguido del 24.2 % para el arma de fuego.
El homicidio representa el extremo de la violencia con importantes impactos intergeneracionales y a largo plazo en los individuos, las comunidades y la sociedad. Debido al envejecimiento fisiológico y a factores como un mayor aislamiento social, los adultos mayores pueden correr mayor riesgo y/o ser más vulnerables a agresiones o negligencias que otros grupos de edad. Se espera que la proporción mundial de adultos mayores de 65 años o más se duplique hasta el 2050. Este crecimiento bien puede hacer que los crímenes violentos hacia los adultos mayores se conviertan en un problema cada vez mayor. En cuanto a la violencia intrafamiliar, los estudios identifican a los hijos varones o nieto varón adulto como los principales agresores. Los factores detonantes para el cometido de los homicidios y la violencia intrafamiliar hacia los adultos mayores incluyen las situaciones estresantes en el área financiera y antecedentes de violencia familiar, así como la salud mental y el abuso de drogas y alcohol por parte del perpetrador.
¿Qué podemos hacer?
- En esta lamentable situación que enfrentan nuestros adultos mayores tenemos que aumentar la atención sobre todas las modalidades de crímenes hacia esta población. Así como los gobiernos designan fondos para ayudar a las mujeres que son victimas de violencia doméstica, de igual manera necesitamos un gobierno que tenga sensibilidad y priorice en la asignación de fondos para ayudar a nuestros adultos mayores. Esto es fundamental para abordar un problema subestimado y en rápido crecimiento como lo es la violencia y los crímenes contra y entre los adultos mayores.
- Necesitamos enfoques integrados en múltiples niveles para mejorar la identificación, prevención e intervención entre las personas en riesgo de perpetrar o convertirse en víctimas de violencia. Por ejemplo, las estructuras gubernamentales a nivel municipal podrían promover el surgimiento de grupos vecinales para mayor seguridad y auspiciar charlas de estrategias de prevención del crimen y la violencia especialmente para la población de adultos mayores. De igual manera, otros sectores privados, cívicos y religiosos podrían brindar diversos servicios que incluyan el voluntariado y asistencia en la salud mental.
- Tenemos la urgencia de evitar perspectivas ideológicas para combatir la violencia y recurrir a los modelos científicamente probados para eliminar este mal social.
- Debemos prestar mayor urgencia a la prestación de servicios de prevención temprana en temas sobre los estilos de crianza y la paternidad responsable. Para tener un ser humano adulto de bien, tenemos que priorizar en la educación a los padres sobre los modelos de crianza positivos y adiestramientos que optimicen en la inteligencia emocional y en los principios éticos básicos
Aunque a menudo se percibe como un problema de los jóvenes, la violencia y los crímenes suelen afectar a los adultos mayores sea en el rol de víctima y de perpetrador. Siendo éste un segmento de la población en rápido crecimiento que no podemos ignorar. La violencia puede ser dirigida hacia los adultos mayores (abuso y crímenes contra ellos), autodirigida (suicidio) o perpetrada por adultos mayores contra otros (violencia de pareja y violencia en la demencia). La integración de estrategias de prevención, intervención y seguimiento es clave para promover la salud y el bienestar de las personas mayores.

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